Es curioso la cantidad de cosas que nos ocurren en la vida. Siempre están sucediendo cosas que interfieren en nuestro día a día y que hacen que nuestra existencia sea un poco más interesante. Nuestra manera de ver esas interferencias varía de una persona a otra, a unos les parece que no les dejan centrarse en lo que de verdad les importa, a otros les parece que sin estos pequeños inconvenientes diarios sus vidas serían muy aburridas, las vidas de otros dependen de esas influencias externas o sus vidas caerían en el olvido de un agujero negro si no fuera por esto. Y así sucesivamente.
Es curioso ver cómo nuestras reacciones a estos eventos externos y fuera de nuestro control varían de una cultura a otra y de una parte de la sociedad a otra. Hace días que me viene a la mente la expresión “problemas del primer mundo”. Hace referencia a estupideces que no tienen mayor importancia para gente que sufre problemas reales –por problemas reales me refiero a no tener un techo bajo el que dormir, sin comida y con una familia entera que alimentar y calentar, o vivir asustada en medio de una guerra y con la incógnita de si vas a seguir viva al día siguiente, o de si una puede salir a la calle sin miedo a que la atraquen para robarla o violarla– pero que para personas que no han tenido que afrontar situaciones realmente chocantes en su vida significan una gran montaña a superar.
No le voy a quitar importancia a unos o dar más méritos a otros, todo el mundo se rige por su barómetro interior y por lo que le ha tocado vivir, pero aunque nadie elige donde y cuando va a nacer, si que podemos elegir cómo afrontar todas estas adversidades. Cuando algo me ocurre intento calcular cuánto va a afectar a mi vida, el tiempo que este problema va a estar presente y cómo afecta a mi día a día. Pues bien, esto normalmente me ayuda, pero ahora mismo me encuentro ante una situación que parece que no mejora y no pienso dedicarle más tiempo de mi vida del necesario. He llegado a una conclusión y de aquí no me muevo (al menos de momento) hasta que alguien me demuestre lo contrario: los compañeros de piso son una mierda y habría que exterminarlos.
En algún momento de nuestras vidas la mayoría de nosotros hemos tenido que compartir piso, y absolutamente TODOS nos quejamos de ellos. Desde que vivo en Londres los he tenido de todos los colores, tamaños, formas, olores y mentalidades. He vivido con un español caradura que tomaba y tomaba pero que nunca dan nada a cambio; otra española que vivía permanentemente malhumorada; una coreana super educada y silenciosa y al borde del ataque de nervios por ser tan super educada y silenciosa y no decir que le molestaba profundamente que se cocinara después de las 9 de la noche o se trajera gente a casa; japoneses adorables (de estos no puedo decir nada malo, NADA) e italianos insoportables que solamente se miraban su propio ombligo y que no tenían problema en ignorarte completamente si no hablabas italiano; pasando por familias de filipinos que vivían apelotonados en habitaciones y en los minúsculos bajos de una casa enorme cerca de Camden en los que cocinaban unas barbacoas sorprendentemente llenas de humo y olores súper fuertes. También he convivido con húngaros homosexuales a los que gustaba colgar cuadros bucólicos de su país en su habitación y prepararse zumos cada mañana en la licuadora tamaño XXL que instalaron en la cocina nada más llegar. Tampoco me gustaría olvidar al escritor de obras de teatro de origen Congolés y criado en Escocia al que gustaba dar charlas interminables hasta la una de la mañana para luego irse a hacer la compra al hipermercado abierto las 24 horas a unas cuantas paradas en autobús, dándome lecciones de conducta y diciéndome que tenía que aleccionarme para saber comportarme en sociedad.
Todo esto es más o menos un resumen de todo lo que he tenido que vivir durante los últimos cinco años, cada uno de ellos merecería un libro completo para poder detallar lo ocurrido, los pros y los contras de mi convivencia con ellos y todo lo aprendido. Pero a donde quiero llegar hoy es al presente, a la casa en la que he vivido el último año y medio y que ha hecho que me acabe por decidir a irme a vivir sola y de mandar a tomar viento a la gente en general en cuanto a convivencia se refiere. Todo el mundo es adorable, pero cada uno para su casa al final del día y a mi que me dejen en paz, que yo no vengo a tocarles lo que no suena o al menos lo intento. En esta casa he compartido espacio con uno de Nueva Zelanda (que se ha mantenido aquí básicamente porque la casa es suya) y con quien tengo una buena amistad. Primero fue una inglesa recién salida de la universidad que cuando encontró su primer trabajo decidió dejar al novio de toda la vida y vivir a lo grande pero que poco a poco se fue yendo para abajo hasta que al final su madre tuvo que venirla a recoger porque ni tan siquiera atinaba a adivinar qué días tenia que lavarse el pelo. El día en que dejó el gas de los fogones de la cocina abiertos también fue memorable, cuando se lo comenté tan solo dijo “es que no sé cómo van”. Después llegó una chica nepalí que ya desde el principio me pareció un poco engreída, demasiado segura de si misma y con la convicción de que todo el mundo es un energúmeno menos ella; hacía lo que le convenía y cuando le convenía y te dejaba tirado si encontraba un plan mejor, a la hora de limpiar la casa se dedicaba a pasar el trapito un poco por aquí, otro poco por allá y ¡listo!
Finalmente llegó el siciliano, la estrella de la noche, el gran hombre, el súper hombretón por el que tuve que mandar uno de los últimos domingos soleados y cálidos a la mierda cuando se mudó porque el dueño de la casa tenía que trabajar y me pidió el favor. También tuve que explicarle yo cómo funcionaba y donde estaba todo porque otra vez el dueño de la casa siempre trabaja muchas horas y no está nunca en la casa, así que tuve que ser yo la que le explicara al siciliano de mierda que no dejara sus cosas en la escalera ya que no hay barandilla y con las dos últimas inquilinas ya me pegué un par de buenos resbalones que acabaron en una ostia de tres pares de cojones. También tuve que contarle que las ventanas no se dejan abiertas durante todo el día mientras uno se va a trabajar, que viene a ser peligroso porque que a los ladrones les encanta que se lo dejen fácil y una ventana a abierta a nivel del suelo o en un primer piso fácilmente accesible es como un caramelo para ellos. Finalmente al final de la primera semana de su mudanza, y aquí fue el punto de inflexión y en el que me mandó a la mierda por exagerada y repetitiva, tuve que explicarle que uno no se va de casa sin cerrar la puerta con llave, que por muy poco tiempo que tarde uno en ir al súper y por buena y cara sea una cerradura, si no se gira la llave, es como dejarla abierta. Después de decirle esto me mandó a tomar por el saco con toda la tranquilidad del mundo, mientras su bolsa del gimnasio (en la que posiblemente entro de pie sin problemas) estaba en medio del pasillo a oscuras esperando a que alguien tropezara con ella y la chaqueta en los escalones. Resumiendo, se marcó un tres en uno en un periquete y se quedó tan ancho mientras me trataba de loca histérica. Desde ese día las cosas no han ido mejor, pero no me voy a dedicar a narrarlo porque sino no acabo nunca y tampoco es a donde quiero llegar.
¿Cómo soportar a esta gentuza? ¿Porque existen? ¿Porque sus madres les dicen que son geniales y que están orgullosos de ellos? ¿Es que no lo ven que así no podemos funcionar como sociedad? Yo si no tengo razón mi madre me lo dice y se queda tan ancha. Que sea mi madre no quiere decir que tenga que estar de mi lado todo el tiempo. Es mi madre por una razón, porque es la única que me dirá lo que realmente piensa aunque duela. Y duele, creedme. Así que yo me digo, autocritiquémonos todos juntos y aceptemos que somos una panda de insoportables con problemas del primer mundo y que de momento esto es todo lo que conocemos. Nuestros problemas de país rico tienen solución y tan solo tenemos que ponerle un poco de empeño en solucionarlos, nada más, solamente un poco de esfuerzo y una buena sonrisa.
¡Muchas gracias por todo!
