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Carta abierta a mi amigo Jesús

Hace días que no te escribo un email, bueno, hace más… Hace semanas que exiges que te escriba el email que tanto te debo. Pero no lo he hecho aún y aunque no lo haya hecho tienes que saber que lo hecho de menos. No sé porqué le estoy poniendo tantas excusas, es hasta ridículo la cantidad de cosas que me mantienen lejos de sentarme y ponerme a escribir para ti. Es ridículo todo lo que me ocupa en mi día a día y que, al final, solamente hacen feliz a los demás pero que a mi me consume la energía.

Hecho de menos esas conversaciones por email que empezaron para desengancharte del móvil de tanto mirarlo en horas de trabajo por puro aburrimiento. Y ahora que tengo un trabajo nuevo dejo de escribirte, así sin más, se acabó lo que se daba. Ahora mismo no miro ni emails, ni teléfonos, ni nada que me distraiga de lo que estoy haciendo… Bueno si, me distraigo yo sola, pero eso no es nada nuevo, hasta la mosca me distrae de estar papando moscas. Pero bueno, ese ya es otro problema que nada tiene que ver con lo que nos ocupa aquí: la espiral de trabajo vertiginosa en la que he entrado y que necesito redirigir.

Escribir esos emails en pleno aburrimiento durante el antiguo trabajo era lo mejor del día, intentar centrarme en lo que hacia era misión imposible la mayoría de las veces. De tanto repetir el mismo proceso una y otra vez, de tanto trabajar mecánicamente sin pensar y sin sentir me irritaba y se me nublaba la mente ya con el simple hecho de sentarme frente a la pantalla del ordenador. Así que el rato que me dedicaba a escribirte sobre lo que me pasaba, como si fueras mi diario personal viviente, como si fuera hasta emocionante y todo, me ayudaba a procesar todas esas emociones negativas y transformarlas en algo positivo. Muchas veces tuve que presenciar escenas absurdas que solamente cobraban sentido en cuanto pensaba que te lo podía contar a ti, que te ibas a reír un montón con esas tonterías que me rodeaban. Ahora esas tonterías son de otro nivel, podríamos decir superior, pero al menos son otras tonterías, con otras personas, otros nombres, otros lugares.

Ahora soy una persona responsable a ojos de la sociedad y como persona responsable tengo que vestirme adecuadamente en todo momento, tengo un despacho y la gente llama a la puerta antes de entrar; también tengo que sonreír, aprender un montón de cosas nuevas y solucionar los problemas de los demás. Después de varias semanas en el trabajo nuevo puedo decir que hecho de menos sentarme enfrente de la pantalla y escribir esos emails con lo primero que se me venía a la cabeza, sin filtros ni delicadezas, todo a bocajarro y cuanto más rápido mejor. Pocas cosas o nada se quedaban dentro. Limpieza de mente.

Sé que aún nos queda Whatsapp, pero no es lo mismo, los mensajes son mucho más cortos y se pierde mucho el detalle, aunque la carcajada que suelto cuando mandas tu nueva modalidad de mensajes absurdos y sin sentido tiene su qué. ¡Sigue sorprendiéndome por favor! La otra modalidad que hemos iniciado y que me pareció maravillosa es el poder tomarme una copa contigo en la distancia. Skype nos ha proporcionado una vía genial para tu poder tomarte tu Martini y yo mi Gin&Tonic. Espero que podamos brindar muchas noches más, tú en Málaga, yo en Londres.

Sé que estas lineas no reemplazan todos los emails que no nos hemos escrito, pero oye, todo evoluciona en esta vida y nada es para siempre. Así que subamos al tren y adaptémonos, no nos quedemos estancados y disfrutemos de lo que tenemos ahora, que en  unos años todo esto lo recordaremos con nostalgia y alegría, dándonos cuenta que la mayoría de cosas por las que nos quejamos hoy no tenían la más mínima importancia. Probablemente ni tan siquiera las recordemos en absoluto, así que centrémonos en lo que importa de verdad.

¡Cheers amore!

 

 

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